«Antes que la etiqueta antiácaros del colchón, cuente con una funda antiácaros certificada que lo cierre entero con cremallera, y elija el colchón sin muelles y por comodidad.»
Qué cambia un colchón antiácaros
Los ácaros del polvo se alimentan de las escamas de piel que perdemos y abundan sobre todo en colchones y almohadas, explica la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP). Necesitan una humedad del 70 % y una temperatura de alrededor de 21 °C, por lo que se dan sobre todo en la costa y en las islas y escasean en la meseta y la montaña. En su página sobre normas de evitación del asma, la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) lo resume así, «los ácaros, por estar muy presentes en el espacio doméstico, son una causa importante de alergia y la segunda causa de asma».
Ningún colchón hace desaparecer los ácaros, aunque puede ofrecerles menos refugio. Los de muelles están huecos por dentro y en ese espacio se acumulan ácaros, según la misma sociedad, que considera indiferente el material siempre que el colchón sea macizo. El Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) pide además evitar los colchones de lana o plumas. Por eso esta comparativa solo incluye núcleos macizos y trata el tratamiento del tejido como un extra.
La funda, extraíble y a 60 °C
La SEAIC y la SEICAP aconsejan lavar la ropa de cama a 60 °C o más, y las sábanas, cada semana. Muy pocos colchones permiten tratar así su propia funda, y la tabla resume qué ofrece cada modelo.
Cuando la funda no se quita, el colchón solo se limpia con aspirador, mejor si tiene filtro HEPA o de agua. El Relax Látex Essential es un caso aparte, con funda extraíble y un acolchado de microfibras que, según su vendedor, se rompería al aspirarlo, así que se limpia aireándolo.
Tratamientos antiácaros y sellos
Triple Barrera, Total Protect, Hygienic o Actipro son tratamientos que cada marca aplica al tejido, y su eficacia la declara el propio fabricante. Algunos son biocidas, y conviene leer la letra pequeña. JYSK, por ejemplo, avisa en la ficha de su colchón WELLPUR Kvita de que el geraniol de su funda antiácaros GREENFIRST está clasificado como sensibilizante cutáneo y de que el colchón debe usarse siempre con sábana, un dato importante para una piel alérgica. El sello OEKO-TEX Standard 100, que llevan el Emma y el Descansín, certifica que sus textiles se han analizado en busca de sustancias nocivas. Si repelen ácaros es algo que el sello no mide.
La funda antiácaros, el paso decisivo
La SEAIC recomienda fundas antiácaros impermeables con garantía certificada para colchones, almohadas y edredones. Su tejido es tan apretado que no deja pasar las partículas de los ácaros, según la SEICAP, que plantea como alternativa conservar el colchón que ya tiene y cubrirlo con una. Esa funda va sobre cualquier colchón y es la que se lava a 60 °C, así que, si compra uno nuevo, elíjalo sin muelles y por comodidad y añada la funda desde el primer día.
Los alergólogos de la SEICAP insisten en que «lo más útil es hacer una evitación lo más integral posible, no una sola medida aislada», lo que incluye ventilar el dormitorio a diario, mantener baja la humedad y lavar las sábanas cada semana. Si quiere comparar más núcleos macizos, tiene nuestras comparativas de colchones de espuma y de colchones viscoelásticos. Para la cuna de un bebé las prioridades son otras, empezando por la seguridad, y las tratamos en la comparativa de colchones de cuna.